y aún podía sentir
el breve suspirar de tu despedida.
Mis pulmones
-antes llenos de aromas-
ahora son cavernas oscuras
ocupados por tu ausencia.
Mi corazón
que fue un rubí escarlata
-cuando tú estabas-
ahora es inerte piedra
que no bombea la sangre y se estanca.
Y qué decir de mis ojos
-esos-
esos que ya no brillan
si por brillar entendemos
la maravillosa luz que desprendían
cuando a dos milímetros de ti
nuestros labios se rozaban.
Bajé la cabeza,
hasta podía sentir tus huellas,
esas que se alejaron
dejando
esta ira que destroza
-silenciosa-
lo poco que de mí queda.
)cada vez necesito menos subir a la sierra a gritar...(
©poesía incluida en mi libro "MI MÁS ÍNTIMO ENEMIGO"


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu huella;comenta