Una rozadura en mi corazón,
un arañazo.
Una lastimera senda,
una vereda lúgubre
emprende cada tarde.
Al nacer la madrugada
se revuelve en la cama.
Las heridas le arden,
no le dejan latir plácidamente.
Se encienden las sábanas
manchadas de sangre escarlata,
de sangre rota.
Trocitos de terciopelo rojo,
quebrados,
cenizas negras de un corazón abrasado.
Inundan mis ojos la almohada.
Gimen,
chirrían las bisagras de mi alma,
de este mi universo roto.
Suena un dolor que no calla.
)el sonido de lo roto...(
©poesía incluida en mi libro "TENDRÍAS QUE ESTAR AQUÍ"















