y yo quedé como una mañana fría de invierno,
en punzante escalofrío envuelto.
Así como la nada.
Así como la niebla, que infinita flota.
Como el dolor que hiere
y el pulso apaga.
Andaba yo con el purpura tono
en el velado filo de mis ojos.
Con el turbio ceniza cubriendo mi sonrisa.
Y llegué arrastrando a mi cama
como la nada,
como un escombro que se posa
pesado, hinchado de pena.
Como una losa
que respirar no deja.
Y no había refugio suficiente en esta casa
donde salvarme pudiera
de este desastre.
El comedor olía a ti.
Allí estaban tus pasos.
Allá, en un rincón, las huellas de tus calcetines.
En la cocina los platos;
la servilleta que limpió tus labios.
Toda la casa olía a ti,
a ese jugoso sabor de ángel.
Y el frío llegó rápido
a cada habitación de esta casa
cuando volando la dejaste vacía.
Herido.
Herido me dejaste ángel mío.
Y quedé aquí,
con este punzante escalofrío.
)este punzante escalofrío...(


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