LOS MEJORES SEGUIDORES DEL MUNDO

domingo, 22 de marzo de 2015

PRETENDIENDO LA LOCURA

Me aconsejan terapias
para que recupere la cordura,
pero yo busco el método
de evitar estar cuerdo.

La locura es esa forma
de esperanza encubierta.
Es una especie de antídoto
cuando la realidad resulta incomoda.
Una huida o un desahogo
para ese perturbador estado
donde el desaliento
-puntiagudo y aguzado-
amenaza con arrasar lentamente
la vida que tenemos.

Cuando recupero el juicio
te odio.
Odio el daño que me hiciste.
Odio el deterioro que infringiste
-no a mi cuerpo-
sino a esta alma mía. 
Odio el recuerdo de tus caricias.
Odio ese invisible aroma tuyo
permanente.
Odio entrar en esa casa que fue
de ambos.
Odio esa facilidad de recordarte.
Odio odiarte.

Ahora ya sabes
porque pretendo la locura.
Solo aspiro a estar loco
para curarme esta rabia
que se alimenta del cuerdo odio.
)...no puedo buscar refugio en lugares donde fuimos ambos, porque me preguntarán por ti y yo no sabré contener el sentimiento de mis pupilas...( 

domingo, 15 de marzo de 2015

ELUDIENDO EL ABISMO

Resulta raro que eche de menos
aquella vida tan turbadora,
aquellas horas interminables
mirando al infinito
sintiendo aquella cosa sin nombre
que me dañaba de esa forma tan extraña
y dejaba mi mundo tan pequeño.
Ahora ya no doy tanta importancia a las cosas
y la rutina intenta vencerme siempre.
Ahora mi vida es más convencional,
menos dramática
y eso tiene sus consecuencias:
le quita emoción a la vida.
Aunque es cierto que trato de que cada día
tenga algo de especial
para mantener viva esa llama invisible
que imperceptiblemente ilumina la senda sinuosa
que trato de seguir evitando caer al abismo.
)a veces pienso que soy una persona inadecuada, que vive en un mundo errado, en una época inoportuna, en un tiempo equivocado...(

lunes, 2 de marzo de 2015

IRA SILENCIOSA

Bajé la cabeza,
hasta podía sentir
el polvo del camino.
Mis pulmones
-antes llenos de aromas-
ahora son cavernas oscuras.
Mi corazón
que fue un rubí escarlata
-cuando tú estabas-
ahora es inerte piedra.
Y qué decir de mis ojos
-esos-
esos que ya no brillan
si por brillar entendemos
la maravillosa luz que despedían
cuando a dos milímetros de ti
nuestros labios se rozaban.
Bajé la cabeza,
hasta podía tocar tus huellas,
esas que se alejaron
dejando
esta ira que destroza
-silenciosa-
lo poco que de mí queda.

)y le puse nombre a eso que quedó dentro de ambos. A eso tan violento que nos hacía comportarnos como si nunca nos hubiésemos amado...(